A los ciervos les gusta andar sueltos

 

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La revista cultural más antigua de España cumple 65 años

 

A los ciervos les gusta andar sueltos

 

 

En un mundo amenazado por una revolución neoconservadora de ultraderecha, tras la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, es necesario recordar el continuo ejemplo de respeto a la  libertad de expresión en la revista cultural independiente más antigua de España:  El Ciervo.

 

Sesenta y cinco años ejerciendo el derecho a pensar y escribir libremente, abordando temas de actualidad con una mirada honda, rigurosa, esperanzada y tolerante, definen la personalidad de una revista que se sitúa en una órbita cristiana democrática y plural, hasta tal punto que sus colaboradores critican en sus páginas algunas decisiones de la propia iglesia. Y es que “la gracia del estilo de la revista es escribir lo que nadie se atreve a decir sin que nadie se ofenda”, explican desde la página web de El Ciervo, que dirige Jaume Boix Angelats.

Llega a mis manos el número 65 de esta revista, que se edita desde Cataluña, con un estudio en profundidad sobre el presente y futuro de los jóvenes españoles, del sociólogo Javier Elzo. Fueron también jóvenes estudiantes de la Universidad de Barcelona los que crearon estas páginas en 1951, en plena dictadura franquista, con la que tuvieron problemas por culpa de la censura. Estos jóvenes, con Lorenzo Gomis a la cabeza, recogían el testigo del catolicismo inconformista, con preocupaciones sociales y solidarias, que se estaba ya fraguando en el resto de Europa. Después, recibieron el apoyo de intelectuales democristianos como José Luis López Aranguren o el padre Llanos. El Ciervo planteó una renovación religiosa en las órbitas democristianas más tolerantes, y este espíritu persiste hoy en día.

Adentrarse en sus distintas secciones nos muestra una mirada libre y sin prejuicios sobre muy diversos temas: económicos, científicos, sociales, culturales…, con un continuo compromiso ético y social, como el clamor por una respuesta al drama de los refugiados sirios, o el artículo del doctor Jaume Ollé, que vivió varias temporadas en Haití, sobre “La sandalia de Boane”, en el que describe su relación con Boane, un hombre sin familia y con una sola pierna.

La atención a la cultura es otro de los rasgos identificativos de El Ciervo. Las reseñas rigurosas de libros, películas, obras de teatro, música, son habituales en sus páginas. Sorprende además encontrarse con un magnífico pliego de poesía, que ocupa las páginas finales de la revista.

El Ciervo es un ejemplo de cómo puede hacerse un periodismo comprometido, democrático y plural, incluso desde una óptica religiosa que no influye en absoluto en los textos de los colaboradores. Es un soplo de aire fresco en el ambiente enrarecido en que vivimos, entre visiones totalitarias del mundo polarizadas en  dos extremos: la ultraderecha política y social en Europa y Estados Unidos, con su carga de racismo y xenofobia, y las visiones radicales y fanáticas del islam en forma de terrorismo.

 

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