Sólo la mentira es inmoral

 

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Sólo la mentira es inmoral

Hubo una época en España en que una mujer que deseaba estudiar, con inquietudes literarias, y una orientación sexual lésbica era sospechosa ante la sociedad y la familia. Se la consideraba una traidora a su rol como mujer, una desestabilizadora del orden establecido, hasta tal punto que debía callarse, casarse, tener hijos, y esconderse para escribir en el baño, aunque fuese la escritora de libros infantiles de mayor éxito y aunque se llamase Elena Fortún.

 

Encarnación Aragoneses Urquijo (1886-1952), alias Elena Fortún, nos ha dejado un testimonio de valor incalculable. Su novela autobiográfica “Oculto sendero” (Biblioteca Elena Fortún, Sevilla, 2016) revela la verdad que trató de ocultar ante sí misma y ante la sociedad de su tiempo, y lo dedica “a todos aquellos que equivocaron su camino… y aún están a tiempo de rectificar”.

A través de la protagonista de estas páginas, María Luisa Arroyo, la escritora deja constancia de las vicisitudes y la angustia existencial que afrontó una mujer de clase media acomodada que no se resignó a ser una mujer como las demás, aquello que la sociedad esperaba de todas las mujeres de su tiempo, aquello para lo que se la había educado: el hogar y el matrimonio.

Elena Fortún escribió esta obra con treinta y ocho años, después de un matrimonio infeliz, al igual que la protagonista, tras recorrer su propio sendero interior y decidir que, aunque sólo fuese para ella misma, contaría la verdad.

Es un milagro que este libro haya visto la luz, pues la autora había recomendado a su amiga Inés Field que lo destruyera, y el original se encontraba, entre otros papeles, en una bolsa de viaje que la nuera de la escritora entregó en los años ochenta a la profesora Marisol Dorao.

La novela, escrita antes del comienzo de la guerra civil, presenta un lenguaje sencillo, cotidiano, al modo de los libros infantiles que la harían tan famosa, un lenguaje que resulta a veces aterrador, precisamente por esa aparente normalidad.  Hay que huir de las mujeres “bachilleras”, esto es, de las mujeres que desean cultivar su intelecto; una niña no debe ser un “chicazo”, debe disfrutar con las muñecas, los vestidos de puntillas y los juegos propios de su género. Cuando un señor mayor intenta besar y aprovecharse de una chiquilla, para la madre de ésta lo importante es que no haya pasado nada irreparable, entendiendo por irreparable que la chica permanezca casta y virgen. Una joven debe casarse pronto y bien, con un hombre de posibles, que pueda dar un nivel de vida adecuado a ella y a su familia. Así eran los principios que rigieron la vida de las mujeres españolas durante tantos años, las leyes no escritas a las que ninguna podía sustraerse, salvo crimen de lesa traición, si se quería ser aceptada en el mundo que la rodeaba. No debemos olvidar la historia si no queremos que se repita, y “Oculto sendero” no es sólo un documento sobre la historia del lesbianismo y del feminismo en España. Es la historia de todas las mujeres, de nuestros orígenes, la revelación del camino que se ha tenido que seguir, de lo mucho que ha costado llegar a la situación actual de la mujer en nuestro país.

Podemos imaginar, al leer el libro, las dudas y el tormento que padeció la propia Elena Fortún al escribirlo, al relatar su propia vida de autoengaño por saberse distinta a las demás. Conmueve comprobar cómo la protagonista de la novela ni siquiera llega a ver su homosexualidad como algo normal, ni siquiera plantea que tenga derecho a ser como es, ve su identidad sexual como algo inevitable pero de lo que no se puede estar orgullosa, sino que debe ser sublimado y olvidado a través de la entrega al arte, a la pintura o a la religión, después de haber tratado sin éxito de ser feliz en su matrimonio, después de haber acudido a un médico que la considera una enferma mental y le aconseja dejar de vestirse con ropa masculina, hacer menos actividades artísticas y ocuparse más de la casa.

Es destacable y muy recomendable el prólogo de la novela, de Nuria Captdevila-Argüelles, catedrática de Estudios Hispánicos y Estudios de Género de la Universidad de Exeter. Las páginas iniciales ayudan a contextualizar esta novela en su época, las vanguardias, donde una minoría de mujeres creadoras, escritoras, artistas, empezaban, tímidamente, a expresar su propia voz.

Una de ellas, Victorina Durán, gran amiga de Elena Fortún y abiertamente lesbiana, dice en sus memorias unas palabras que no debemos olvidar:

“Sólo la verdad es moral, la mentira es inmoral. La VERDAD purifica; la mentira corrompe. Pocos se atreven a ser quienes son, a vivir su propia vida, porque una mentira universal, inevitable, nos envuelve: la mentira de las relaciones sociales”.

Elena Fortún quiso ser feliz sin traicionar a su entorno y no pudo lograrlo. Sufrió, como la protagonista de la novela, depresiones y ansiedad, y esa sensación de ser una minoría, un estigma, incomprendida incluso por sí misma. A pesar de que en una carta a su amiga Inés Field confesó “(…) cada día sé mejor que lo mejor de todo es callar”, decidió ser valiente y contar la verdad en estas páginas de “Oculto sendero”. Por haberte atrevido a hablar, por ayudarme a comprender nuestra historia femenina, como mujer, Elena, te doy las gracias.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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